Los pacientes con insuficiencia cardíaca (IC) que presentan depresión tienen peor pronóstico y más probabilidad de morir a causa de la enfermedad cardíaca

Los pacientes con insuficiencia cardíaca (IC) que presentan depresión tienen peor pronóstico y más probabilidad de morir a causa de la enfermedad cardíaca

Un estudio presentado en el Congreso Anual de la Sociedad Europea de Cardiología, y para el que se analizaron a 864 pacientes con IC, muestra que los depresivos presentaban mayor riesgo de mortalidad.

Los pacientes con insuficiencia cardíaca (IC) que presentan depresión tienen peor pronóstico y más probabilidad de morir a causa de la enfermedad cardíaca, especialmente aquellos que tienen un historial depresivo y no reciben tratamiento farmacológico. Casi un tercio de los enfermos con IC padece depresión.

Así lo muestra un estudio realizado en Alemania y presentado este domingo en el Congreso Anual de la Sociedad Europea de Cardiología, que se celebra hasta el martes en Barcelona. El trabajo analizó a 864 pacientes con IC para determinar la relación entre la enfermedad cardiovascular y la depresión, así como la prevalencia de muerte en cada subgrupo de pacientes. El 29% de los pacientes sufría depresión mientras que un 71% no presentaba cuadros depresivos.

Tras el análisis de los datos se determinó que murió el 26,9% de los pacientes que presentaban un cuadro depresivo, en cambio solo falleció el 13,6% de los que no sufrían depresión.

El doctor Nicolás Manito, presidente de la Sección de Insuficiencia Cardiaca y Trasplante de la Sociedad Española de Cardiología y jefe de Sección del Servicio de Cardiología del Hospital Universitari de Bellvitge, ha explicado que existen varios motivos por los cuales la enfermedad cardiovascular puede relacionarse con estados depresivos.

«En primer lugar, la insuficiencia cardiaca es una enfermedad inflamatoria con gran hiperactividad neurohormonal en la que se produce una liberación de sustancias proinflamatorias las cuales pueden desencadenar a nivel cerebral trastornos que favorecen estados depresivos. En segundo lugar– ha añadido–, los propios fármacos para la IC, especialmente los que bloquean la actividad adrenérgica como los betabloqueantes, facilitan la aparición de síntomas depresivos. Y en último lugar, existe un importante componente psicológico a causa de la alteración y la pérdida de calidad de vida provocada por la enfermedad».

Los investigadores han llegado a la conclusión de que la depresión es frecuente entre los pacientes de IC, pero está poco diagnosticada y raramente tratada. El doctor Manito admite que «a menudo es complicado determinar qué pacientes sufren un cuadro depresivo. Es por ello que es imprescindible que existan especialistas que ayuden a diferenciar la parte exclusivamente física de la enfermedad cardíaca de los aspectos psicológicos. Por suerte, y cada vez más, se crean equipos multidisciplinares de insuficiencia cardíaca que incluyen enfermeras, psicólogos y psiquiatras que ayudan a detectar, dar soporte psicológico y tratar la depresión».

En este sentido, reconoce que hasta ahora la depresión y otros aspectos psicológicos, no han sido contemplados en el tratamiento del paciente con IC. Por ello, considera que «es muy importante que el enfermo cumpla correctamente el tratamiento prescrito, tomando la medicación, llevando a cabo un cambio de hábitos y acudiendo periódicamente a los controles clínicos que se le han indicado» y «detectar y tratar adecuadamente la patología».

El doctor Manito ha advertido de que «el corazón debe ser tratado como el centro de una enfermedad que puede afectar a muchos órganos y que, desgraciadamente, hoy es una de las epidemias del siglo XXI. Por otro lado, la depresión también es otra epidemia del siglo XXI y esta relación entre ambas enfermedades pone en evidencia la necesidades de unidades multidisciplinares para el manejo de estos enfermos».

FUENTE: JANO.ESSociedad Europea de Cardiología

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