De izq. a dcha.: Dr. José Mª Serratosa, Dra. Carmen Ayuso, Dra. Marina Sánchez, Dr. Ramón Brugada y Dr. Jerónimo Farré.

De izq. a dcha.: Dr. José Mª Serratosa, Dra. Carmen Ayuso, Dra. Marina Sánchez, Dr. Ramón Brugada y Dr. Jerónimo Farré.

El director del Centro de Genética Cardiovascular del IDIBGI, el Dr. Ramón Brugada, recuerda que la muerte súbita causa más fallecimientos que el sida, el ictus y los tumores pulmonares y de mama juntos.

La muerte súbita afecta a alrededor de 800.000 personas al año en el mundo occidental, causando más muertes que el sida, los tumores de mama y de pulmón y los accidentes cerebrovasculares (ictus) juntos, aunque el grado de concienciación sea más bien escaso comparado con el de estas dolencias. De ello habló Ramón Brugada, director del Centro de Genética Cardiovascular del Instituto de Investigación Biomédica de Gerona (IDIBGI) y profesor de la Universidad de Girona, en su conferencia ‘La genética de la muerte súbita’, enmarcada en el IX Ciclo Seminarios de Biomedicina, organizado por el Instituto de Investigación Sanitaria Fundación Jiménez Díaz.

La concienciación es básica para incidir en la prevención de un evento cardiovascular muy asociado en los últimos años a los casos de fallecimientos de deportistas de alto nivel. Así lo razonó el doctor Brugada: “Muchas veces la respuesta se encuentra en la genética, como lo demuestra un análisis realizado en la provincia de Gerona con muestras de sangre de los casos de muerte súbita en menores de 50 años sin causa aparente: un tercio de todos ellos presentaba una base genética”.

“Sabíamos que la genética podía ser una causa, porque muchas veces sufrían una muerte súbita varios miembros de una familia. En los últimos años se ha avanzado mucho en la comprensión de estos componentes genéticos”, añadió el doctor Brugada, quien, asimismo, subrayó: “Hay que atacar los tres puntos clave de los fallecimientos por muerte súbita, que son la obesidad, el tabaquismo y el sedentarismo; somos conscientes de la obesidad, pero no de que ésta conduce a más enfermedades cardiacas e infartos”.

Pero la prevención también pasa por el diagnóstico de las personas con riesgo cardiovascular. Para ello, el director del Centro de Genética Cardiovascular del IDIBGI recomienda la realización de un electrocardiograma antes de que cualquier persona se inicie en la práctica deportiva. “Se trata de una prueba de cinco minutos de duración y un coste económico muy bajo. Esta prueba se puede completar con otros estudios si el electrocardiograma no es normal o si el paciente no es asintomático. La muerte es muchas veces el primer síntoma de estos eventos”. Por eso, el Dr. Brugada insiste en que “hay que atender a los desmayos sin causa o a los antecedentes familiares; he aquí la razón de que el aprendizaje y la divulgación sean tan importantes”

El tratamiento, expone, consistiría en medicación para combatir la irritabilidad del corazón -betabloqueantes, por ejemplo- y, en el caso de que el riesgo fuera importante, cirugía para implantar un desfibrilador, si bien estos últimos casos son complejos y dependen de muchas variables. “Si el paciente es un niño, implantarle un desfibrilador es condenarle a una intervención quirúrgica cada cuatro o cinco años durante toda su vida; lo más difícil es tomar decisiones en los niños con riesgo cardiovascular”, apostilló.

FUENTE: JANO.ES

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