De los 85.000 infartos que son tratados en centros hospitalarios españoles cada año, algo menos del 5% corresponde a mujeres menores de 55 años, cuya mortalidad llega a ser el doble que la de los hombres

De los 85.000 infartos que son tratados en centros hospitalarios españoles cada año, algo menos del 5% corresponde a mujeres menores de 55 años, cuya mortalidad llega a ser el doble que la de los hombres

El XVI Simposio Internacional de Cardiopatía Isquémica, que se celebra en Sevilla desde mañana y hasta el próximo sábado, reunirá a más de 400 expertos, que debatirán acerca de por qué la mujer joven tiene peor pronóstico que el varón.

De los 85.000 infartos que son tratados en centros hospitalarios españoles cada año, algo menos del 5% corresponde a mujeres menores de 55 años, cuya mortalidad llega a ser el doble que la de los hombres (4% frente al 8% de las mujeres).“Todavía no sabemos a ciencia cierta a qué se debe. La mujer tiende a esperar más antes de acudir a un hospital cuando está sufriendo un infarto; además, al ser un evento poco común gracias a la protección de las hormonas antes de la menopausia, la mayoría de estudios que analizan la progresión del infarto incluyen a hombres, por lo que su presentación en el sexo femenino es poco conocida”, apunta el Dr. Antonio Fernández-Ortiz, presidente de la Sección de Cardiopatía Isquémica y Cuidados Agudos Cardiovasculares de la SEC. El XVI Simposio Internacional de Cardiopatía Isquémica de esta sección, que se celebra en Sevilla desde mañana y hasta el próximo sábado, reunirá a más de 400 expertos, que debatirán por qué la mujer joven tiene un peor pronóstico frente al infarto que el varón.

«Desde nuestra sección», continúa el Dr. Fernández-Ortiz, «estamos participando en el proyecto VIRGO, un registro que estudia cómo afecta el infarto a mujeres jóvenes y lo compara con el infarto en hombres jóvenes. De esta manera, podremos averiguar si la enfermedad tiene una genética distinta según el sexo para, así, poder definir los protocolos que deben seguirse cuando llega una mujer joven con un infarto al hospital”.

Otro de los aspectos que discutirán los expertos en Sevilla es cómo debe mejorarse el manejo de la parada cardiaca de forma temprana, no solo para reducir la mortalidad sino también para disminuir los efectos que provoca la falta inmediata de riego al cerebro , y es que dos tercios de las personas que sobreviven a una parada cardiaca lo hacen con secuelas neurológicas, ya que la falta de sangre en las células cerebrales puede producir desde una leve discapacidad hasta la muerte cerebral. Este riesgo y su gravedad son proporcionales al tiempo que se tarda en restablecer la circulación espontánea.

“Diversos estudios han demostrado que una buena forma de reducir estos posibles efectos adversos es enfriar a estos pacientes entre 32ºC y 34ºC tras realizar la resucitación cardiopulmonar. Es el caso de una investigación que se realizó en el Hospital Universitario La Paz, que demostró que bajar la temperatura hasta 32º reducía en un 40% las secuelas cerebrales”, explica el Dr. Fernández-Ortiz. “Una vez se ha demostrado que esta terapia es eficaz, es importante ampliar el número de centros que pueden realizarlo, ya que no todos están capacitados para hacerlo de forma temprana. De hecho, se piensa que lo más recomendable es aplicar frío en la misma ambulancia de urgencias, mientras el paciente está siendo trasladado a un centro hospitalario”.

El stent bioabsorbible, el balón de contrapulsación y el metoprolol como tratamientos al infarto

A lo largo de estos tres días de reunión también se debatirá sobre las novedades en el tratamiento del infarto. Es el caso de la evolución de los stents bioabsorbibles frente a los convencionales, realizados a partir de un material plástico que se reabsorbe muy lentamente, de tal forma que al año o dos de haber sido colocados desaparecen de la arteria coronaria. La gran ventaja que muestran estos dispositivos es que permiten que la arteria dañada recupere su capacidad de dilatarse y contraerse, lo que no es posible con los stents metálicos ya que las arterias se quedan rígidas. Otra importante ventaja es la posibilidad de reintervenir, si fuera necesario, mediante una nueva angioplastia o mediante cirugía estas arterias que han tenido alojado transitoriamente este tipo de stents. “Los trabajos realizados hasta el momento parecen indicar que a la larga los stents bioabsorbibles podrán sustituir a los metálicos”, apunta este especialista.

Otro importante aspecto que será objeto de discusión durante el simposio es el papel del balón de contrapulsación (balón alargado de látex que se introduce por la arteria femoral y se coloca en la aorta descendente para mejorar el aporte de oxígeno al miocardio y reducir la carga de trabajo del corazón). Este dispositivo se implanta en pacientes graves que sufren un shock cardiogénico y se suele mantener durante unos días mientras el corazón recupera su capacidad contráctil. “Aunque este dispositivo ha demostrado que mejora los parámetros hemodinámicos, la función renal y la aportación de oxígeno a los tejidos, no se han encontrado evidencias firmes de que también consiga reducir la alta mortalidad del shock cardiogénico en los pacientes con infarto. Durante la reunión discutiremos aspectos como el mejor momento para implantar el balón. El hecho de que se adelantase el momento de implantar el balón, en lugar de esperar a hacerlo en pacientes muy graves, podría mejorar los resultados de este dispositivo”, indica el Dr. Fernández-Ortiz.

La reunión también abordará los resultados de un reciente estudio liderado por el Centro Nacional de Investigaciones Cardiovasculares (CNIC), METOCAR, que ha demostrado cómo el metoprolol, un fármaco que no cuesta más de dos euros, es capaz de reducir el tamaño del infarto. Este beneficio es máximo cuando se administra precozmente en las ambulancias camino del hospital para la realización de una angioplastia primaria. Los pacientes tratados precozmente con metoprolol tienen una mejor función ventricular y menos episodios de insuficiencia cardiaca en los meses siguientes tras sufrir un infarto. El CNIC liderará un estudio internacional en Europa que pretende confirmar en 4.000 pacientes con infarto que esta forma de administrar el metoprolol reduce además la mortalidad precoz del infarto agudo de miocardio.

FUENTE: JANO.ESSección de Cardiopatía Isquémica y Cuidados Agudos Cardiovasculares de la Sociedad Española de Cardiología (SEC)

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